Hombre Lobo SteeelJaw
Has sido convertido/a por el líder supremo de un Clan de Hombres-Lobo del dia 23.06.2006 a las 00:07:18
Clan:
Descripción del personaje
Trato de recordar pero al hacerlo sufro porque me es imposible ordenar mis pensamientos, mis recuerdos, mis sueños lanzados hacia el cielo. Todos se queda suspendido entre nubes confusas y apretadas por la tormenta y el agua que hierve en su interior se derrama por mi cuerpo, dejándome frío y con los ojos ocultos en un velo húmedo que no me deja ver, que no me deja tener constancia de cómo pasa la gente y los tiempos por delante de mí.
Siento miedo porque oigo lamentos pronunciando mi nombre. Vienen de lo más oscuro, del pozo más profundo. Reverberan en mi cabeza y creo que esto acabará volviéndome loco y dejándome expuesto ante la nada. Sé que está muy cerca. Noto su gélida presencia sentada a mi espalda. A veces se levanta y se pone a bailar al son de los lamentos, dibujando círculos de hielo en la oscuridad que brillan como falsos conos de luz. Me tienta para que baile con ella, pero sus manos me atraviesan el cuerpo y no puedo soportar tanto dolor.
He perdido la noción de muchas cosas. La gente que conocí son ahora fotografías amontonadas e incluso rasgadas. El cuerpo de una no corresponde con la cabeza de la otra, y todo se queda en una serie de monstruos con expresiones tristes o viajando más allá de la luz del flash. Un chispazo de luz, un instante detenido en el tiempo con el firme propósito de quedarse para siempre con los pensamientos, con los cuerpos posando, con el afán de sorprender y de dejar constancia de quienes fuimos y como fuimos. Pero a mí de nada me sirve todo esto. He tratado de abrir las ventanas y dejar que el viento me bese en las mejillas, pero se niega a entrar, a mezclarse conmigo porque puede verme las entrañas y dentro de mí todo está negro como la boca de un lobo. Un lobo que convenció a mis pensamientos de que sería el mejor aliado, de que nada en el mundo iba a ser lo mismo, de que el poder era absoluto y que apenas decir una palabra, el suelo que pisaba se convertiría en un campo de flores que se marchitarían al instante si yo lo ordenaba. Todo era maldad.
El lobo se mordía la lengua, dejando que la sangre fluyese para ser el néctar que iba a derramarse por mi garganta. Entonces podía ver más allá de las montañas, del sol de la oscuridad eterna. La esencia del mal puro era ahora la sangre que correría por mis venas, el aire que llenaría mis pulmones.
No recuerdo a las personas de esas fotos rasgadas. Todos son cuerpos mutilados, y eso resulta mucho más insoportable. Traté de unirlas en muchas ocasiones pero me fue imposible. Monstruos que a veces me preguntan por qué dejé que el lobo me convenciese de que la maldad era la verdadera razón de existencia del ser humano. Ya esta tarde, demasiado tarde para cambiar las cosas, y ahora que el lobo me ha abandonado, sólo me queda esperar que la nada me abracé.
No tengo espejos en donde verme reflejada, ni nada que pueda indicarme si mi cara ha cambiado, de saber si mi piel está más plegada, si mis ojos son ahora dos puntos sin apenas brillo. Estoy perdido, entregado al olvido, apartado de cualquier camino, de cualquier fuente de agua fresca. Todo lo que me rodea es un desierto de tierra ajada. Mi memoria también está ajada y por eso contesto sí a todo, antes que dudar y perder la oportunidad de limpiar mi alma.
El lobo me mintió y me ha dejado solo ante los demás. Ahora yo debo pagar por las maldades cometidas y nunca negar con la cabeza... pero este silencio me oprime la garganta y sólo quiero gritar. Pero no puedo hacerlo. Hace ya tiempo que con el último grito, perdí aire y valor. Y mientras me inyectaban el líquido que iba a matarme, sabía que no sólo me estaba quedando sec por dentro, también por fuera y más allá de mí.
Sólo quedaría mi recuerdo, enturbiado por las imágenes de esas horribles fotografías que el tiempo se encargaría de reservar para futuras miradas.
Yo maté, oí gritos, palabras suplicando vivir y preguntándome por qué. No tengo respuestas que disipen tantas dudas. Ya no me queda nada, tan sólo esperar a ser el padre de cientos de animales que en esta insondable oscuridad, me devorarán sin piedad. Espero y me creo que estoy vivo. Espero y veo luces. Espero a que mi nombre no se pronuncie en voz baja. Espero...
Tardará en llegar todo cuanto deseo. Y en el momento que me alcance estaré ya perdido en la oscuridad, devorado por su apetito. Seré transportada a un lugar en donde todo esta mezclado, en donde el cielo es un manto rojizo. Tendré que soportar lamentos de personas, de perros enfermos... sentada sobre una dura roca como un rey ante su séquito. A mi derecha la muerte y a mi izquierda la enfermedad. Y juntas me enseñaran poco a poco los oscuros designios que preparan a los mortales, inconscientes estos, de lo que el traicionero destino guarda en la caja de las sorpresas.
Trato de ver al lobo, pero no está. No podía ser de otra forma. Él no puede dejar de seguir merodeando por las calles, por los jardines, hasta por las montañas más altas, para encontrar a quien dar de nuevo su amarga sangre. Espero y me creo que estoy vivo. Espero y veo luces. Espero a que mi nombre no se pronuncie en voz baja. Espero...
Un instante, un silencio que se rompe, una mirada furtiva hacia lo que yo creo que es verdad, que existe. Me miento, me digo que no es verdad, que nada de lo que veo y oigo está penetrando en mí como una lanza. Pero siento dolor y tengo que decir que sí, que en realidad es un hecho cierto. Me tiembla el cuerpo. El sudor empapa mi cuerpo y un sabor salado se ha adueñado de mi boca.
La miro... cierro los ojos y vuelvo a mirar. Está muerta Me mira, me pregunta con la mirada y trato de no dejar que me pregunte; que esa mirada quebrada por el agua no sepa lo que mi cabeza piensa.
El lobo aúlla en mi cabeza otra vez. He dejado el infierno y no me he dado cuenta. Estaba sentado en mi trono de piedra y ahora, de repente, he sido desterrado de nuevo al mundo real. Huelo el aroma del miedo dejado por la que ahora yace a mis pies. Otra fotografía rota, otro cuerpo caliente y destrozado que no podré reponer por mucho que mis recuerdos me hablen de ella... era linda, cariñosa, era de piel suave, de voz suave, de mirada profunda...
No puedo mirarla, no puedo dejar que me pregunte por qué no puede levantarse del suelo, por qué ahora su sangre le enfría por dentro y por fuera, por qué no ve ninguna luz y solo siente bocanadas de aire frío sobre su piel cortada.
Dejo que pase el tiempo. El lobo llegará pronto para asegurarse de que he cumplido con sus órdenes. No quiere dejar que limpie mi alma. No puedo volver a mi trono de piedra y sentir el aliento caliente de la enfermedad a susurrarme las cosas que la muerte ha pensado. La muerte nunca me habla, sólo hace gestos confusos para mí. Trato de comprenderlo pero es inútil y por eso debo soportar que la enfermedad me toque con sus ásperas manos.
Ya ha entrado. El lobo se sienta y contempla unos instantes el cadáver. Se siente complacido y se acerca a mí. Me lame la cara. Después introduce su lengua en mi boca y dejo que su néctar penetre en mi garganta.
Otra vez... otro puñado de fotografías que mirar, que tratar de componer. Y mientras la nada quiere de nuevo invitarme a bailar...
Espero y me creo que estoy vivo. Espero y veo luces. Espero a que mi nombre no se pronuncie en voz baja. Espero...
Ricardo
Siento miedo porque oigo lamentos pronunciando mi nombre. Vienen de lo más oscuro, del pozo más profundo. Reverberan en mi cabeza y creo que esto acabará volviéndome loco y dejándome expuesto ante la nada. Sé que está muy cerca. Noto su gélida presencia sentada a mi espalda. A veces se levanta y se pone a bailar al son de los lamentos, dibujando círculos de hielo en la oscuridad que brillan como falsos conos de luz. Me tienta para que baile con ella, pero sus manos me atraviesan el cuerpo y no puedo soportar tanto dolor.
He perdido la noción de muchas cosas. La gente que conocí son ahora fotografías amontonadas e incluso rasgadas. El cuerpo de una no corresponde con la cabeza de la otra, y todo se queda en una serie de monstruos con expresiones tristes o viajando más allá de la luz del flash. Un chispazo de luz, un instante detenido en el tiempo con el firme propósito de quedarse para siempre con los pensamientos, con los cuerpos posando, con el afán de sorprender y de dejar constancia de quienes fuimos y como fuimos. Pero a mí de nada me sirve todo esto. He tratado de abrir las ventanas y dejar que el viento me bese en las mejillas, pero se niega a entrar, a mezclarse conmigo porque puede verme las entrañas y dentro de mí todo está negro como la boca de un lobo. Un lobo que convenció a mis pensamientos de que sería el mejor aliado, de que nada en el mundo iba a ser lo mismo, de que el poder era absoluto y que apenas decir una palabra, el suelo que pisaba se convertiría en un campo de flores que se marchitarían al instante si yo lo ordenaba. Todo era maldad.
El lobo se mordía la lengua, dejando que la sangre fluyese para ser el néctar que iba a derramarse por mi garganta. Entonces podía ver más allá de las montañas, del sol de la oscuridad eterna. La esencia del mal puro era ahora la sangre que correría por mis venas, el aire que llenaría mis pulmones.
No recuerdo a las personas de esas fotos rasgadas. Todos son cuerpos mutilados, y eso resulta mucho más insoportable. Traté de unirlas en muchas ocasiones pero me fue imposible. Monstruos que a veces me preguntan por qué dejé que el lobo me convenciese de que la maldad era la verdadera razón de existencia del ser humano. Ya esta tarde, demasiado tarde para cambiar las cosas, y ahora que el lobo me ha abandonado, sólo me queda esperar que la nada me abracé.
No tengo espejos en donde verme reflejada, ni nada que pueda indicarme si mi cara ha cambiado, de saber si mi piel está más plegada, si mis ojos son ahora dos puntos sin apenas brillo. Estoy perdido, entregado al olvido, apartado de cualquier camino, de cualquier fuente de agua fresca. Todo lo que me rodea es un desierto de tierra ajada. Mi memoria también está ajada y por eso contesto sí a todo, antes que dudar y perder la oportunidad de limpiar mi alma.
El lobo me mintió y me ha dejado solo ante los demás. Ahora yo debo pagar por las maldades cometidas y nunca negar con la cabeza... pero este silencio me oprime la garganta y sólo quiero gritar. Pero no puedo hacerlo. Hace ya tiempo que con el último grito, perdí aire y valor. Y mientras me inyectaban el líquido que iba a matarme, sabía que no sólo me estaba quedando sec por dentro, también por fuera y más allá de mí.
Sólo quedaría mi recuerdo, enturbiado por las imágenes de esas horribles fotografías que el tiempo se encargaría de reservar para futuras miradas.
Yo maté, oí gritos, palabras suplicando vivir y preguntándome por qué. No tengo respuestas que disipen tantas dudas. Ya no me queda nada, tan sólo esperar a ser el padre de cientos de animales que en esta insondable oscuridad, me devorarán sin piedad. Espero y me creo que estoy vivo. Espero y veo luces. Espero a que mi nombre no se pronuncie en voz baja. Espero...
Tardará en llegar todo cuanto deseo. Y en el momento que me alcance estaré ya perdido en la oscuridad, devorado por su apetito. Seré transportada a un lugar en donde todo esta mezclado, en donde el cielo es un manto rojizo. Tendré que soportar lamentos de personas, de perros enfermos... sentada sobre una dura roca como un rey ante su séquito. A mi derecha la muerte y a mi izquierda la enfermedad. Y juntas me enseñaran poco a poco los oscuros designios que preparan a los mortales, inconscientes estos, de lo que el traicionero destino guarda en la caja de las sorpresas.
Trato de ver al lobo, pero no está. No podía ser de otra forma. Él no puede dejar de seguir merodeando por las calles, por los jardines, hasta por las montañas más altas, para encontrar a quien dar de nuevo su amarga sangre. Espero y me creo que estoy vivo. Espero y veo luces. Espero a que mi nombre no se pronuncie en voz baja. Espero...
Un instante, un silencio que se rompe, una mirada furtiva hacia lo que yo creo que es verdad, que existe. Me miento, me digo que no es verdad, que nada de lo que veo y oigo está penetrando en mí como una lanza. Pero siento dolor y tengo que decir que sí, que en realidad es un hecho cierto. Me tiembla el cuerpo. El sudor empapa mi cuerpo y un sabor salado se ha adueñado de mi boca.
La miro... cierro los ojos y vuelvo a mirar. Está muerta Me mira, me pregunta con la mirada y trato de no dejar que me pregunte; que esa mirada quebrada por el agua no sepa lo que mi cabeza piensa.
El lobo aúlla en mi cabeza otra vez. He dejado el infierno y no me he dado cuenta. Estaba sentado en mi trono de piedra y ahora, de repente, he sido desterrado de nuevo al mundo real. Huelo el aroma del miedo dejado por la que ahora yace a mis pies. Otra fotografía rota, otro cuerpo caliente y destrozado que no podré reponer por mucho que mis recuerdos me hablen de ella... era linda, cariñosa, era de piel suave, de voz suave, de mirada profunda...
No puedo mirarla, no puedo dejar que me pregunte por qué no puede levantarse del suelo, por qué ahora su sangre le enfría por dentro y por fuera, por qué no ve ninguna luz y solo siente bocanadas de aire frío sobre su piel cortada.
Dejo que pase el tiempo. El lobo llegará pronto para asegurarse de que he cumplido con sus órdenes. No quiere dejar que limpie mi alma. No puedo volver a mi trono de piedra y sentir el aliento caliente de la enfermedad a susurrarme las cosas que la muerte ha pensado. La muerte nunca me habla, sólo hace gestos confusos para mí. Trato de comprenderlo pero es inútil y por eso debo soportar que la enfermedad me toque con sus ásperas manos.
Ya ha entrado. El lobo se sienta y contempla unos instantes el cadáver. Se siente complacido y se acerca a mí. Me lame la cara. Después introduce su lengua en mi boca y dejo que su néctar penetre en mi garganta.
Otra vez... otro puñado de fotografías que mirar, que tratar de componer. Y mientras la nada quiere de nuevo invitarme a bailar...
Espero y me creo que estoy vivo. Espero y veo luces. Espero a que mi nombre no se pronuncie en voz baja. Espero...
Ricardo
Estadísticas
| Botín total: | 10.591,60 kilos de carne |
| Víctimas mordidas (link): | 4 |
| Combates: | 157 |
| Victorias: | 81 |
| Derrotas: | 76 |
| Empates | 0 |
| Oro adquirido: | ~ 2.000,00 ![]() |
| Oro perdido: | ~ 2.000,00 ![]() |
| Daño causado: | 7058.04 |
| Puntos de vida perdidos: | 7765.63 |
Habilidades de SteeelJaw:
| Nivel del personaje: | Nivel 9 |
| Fuerza: | ![]() (21) |
| Defensa: | ![]() (18) |
| Agilidad: | ![]() (18) |
| Resistencia: | ![]() (15) |
| Destreza: | ![]() (18) |
| Experiencia: | ![]() (385|405) |
La estadística del Santuario Ancestral SteeelJaw
| Desafíos intentados: | 0 |
| Desafíos exitosos: | 0 |
| Desafíos perdidos: | 0 |
Centinela de SteeelJaw
| Tipo de centinela: | Perro |
| Nombre del centinela: | Perro |
| Asalto: | ![]() (13) |
| Defensa: | ![]() (12) |
| Resistencia: | ![]() (9) |
Datos del perfil
| Género: | Masculino |
| Edad: | 15-20 Años |
| Localización: | Peru |
| Número de ICQ: | --- |
| MSN Messenger: | antizoocial007@hotmail.com |
| Yahoo Messenger: | --- |
| AIM-nombre: | --- |
| Jabber ID | --- |
| Skype ID | --- |
Arena
SteeelJaw No ha conseguido un reconocimiento especial en el ranking de la arena.


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